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Curanderismo y medicina popular en el entorno de Navarra
24/09/12
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A lo largo de los últimos años ,un servidor ha tenido la oportunidad, conforme en un lugar y en otro iba hablando con personas mayores, de ir anotando en un apartado especial todos esos métodos curativos que empleaban antaño nuestros antepasados para sanar ante determinados males. Siempre me ha maravillado esa vertiente tan curiosa de la sabiduría popular, más por su originalidad que por su efectividad, la cual me siento incapaz de medir o de valorar. A veces, incluso alguno te habla de tal o cual personaje, al que en determinadas localidades se acudía en busca de esa pócima milagrosa, en busca de ese remedio, o simplemente en busca de esa aparente frialdad y habilidad a la hora de extirpar una muela utilizando el sistema tradicional de atarla con una pita a la manilla de una puerta, y dar un portazo; era este último caso el de un secretario de Ayuntamiento de un pueblo aragonés colindante con Navarra (secretario de Esco y de Tiermas), que se desplazaba de un pueblo a otro con sus bártulos de escribir y con su maletín médico.

Punto mágico Tengo conocimiento de que una tía mía, Bernardina Tapia, de Isaba, aplicaba sus propios métodos sanadores en pleno llano de Belagua, utilizando unas hierbas y determinados símbolos religiosos. Mal no lo haría ella cuando no le faltaban pacientes; pero lo sorprendente es que había que acudir allí, a ese punto mágico en pleno campo, como si esa fuese su consulta. Seguramente desconocía mi tía Bernardina que ese punto era el mismo que venía siendo mágico desde la prehistoria; no en vano en sus inmediaciones hay una ermita, un dolmen, y un posible crómlech, amén de otras particularidades que el péndulo y la varita de zahorí desvelan. O tal vez lo supiese, o lo sintiese, ¿quién sabe?

Y conocía también en Ibero a otro personaje, curioso, muy buena persona, que daba de comer a los cuervos poniéndoles la comida sobre su propio ojo, desmitificando así aquello de "cría cuervos y te sacarán los ojos"; habría que situar a este brujo entre curandero y místico, tremendamente religioso, de quien decían que hacía maravillas; nunca he sabido por qué extraña razón la religión ha sido un aditivo irrenunciable para algunos de estos curanderos, que encontraban y encuentran en ella una verdadera fuente de salud.

Sin embargo, la realidad es que la memoria de todas estas cosas, de todos estos chascarrillos, de todos estos remedios, se va perdiendo. Algunos, incluso, se ríen cuando oyen que antaño los leñadores se orinaban en la herida cuando se hacían un corte con el hacha, como si fuesen tercermundistas, pero desconocen que las pomadas modernas de hoy para sanar estas heridas se basan en la urea. Se ríen otros cuando oyen que el pastor cubría su herida con la telaraña de la borda, con la cara inferior que es la limpia, y sin embargo… todavía no se ha encontrado hoy nada que se parezca tanto a la piel humana. Y podría ir citando mil ejemplos en los que intervienen las picaduras de abejas, las infusiones de determinadas plantas, la aplicación sobre la sangrante herida, de algunas fibras vegetales, el hielo, las corrientes subterráneas de agua, una llave vieja de hierro no la castaña pilonga, por poner algunos ejemplos. Incluso en el otro lado de la balanza he llegado a conocer muy cerca de Pamplona, en pleno siglo XXI, a quien se acostaba con el mal augurio de que algo grave le iba a pasar tan solo porque la ontza (lechuza) había cantado cerca de su ventana.

Es una realidad que, conforme vas recogiendo todo esto, por otro lado tienes la sensación de que se está llegando tarde, de que se nos esta marchando esa generación que ha sido depositaria de unos métodos ancestrales que se quedan ya sin transmitir, a veces tan solo para que nadie se ría de ellos. Se ha roto la cadena, irremediablemente, en muchos lugares. Es la cadena de la transmisión del conocimiento.

Buen libro Es por ello que he sentido una verdadera alegría al tener en mis manos, recién salido de la imprenta, el libro Curanderismo y medicina popular en el entorno de Navarra, escrito por Javier Álvarez Caperochipi, y editado por la ya conocida editorial Evidencia Médica, de Satur Napal. Conforme voy pasando sus páginas me resulta inevitable sentir una sensación de alivio, ver que alguien se ha tomado la molestia de hacer todo este trabajo, viendo además que lo ha hecho a un nivel verdaderamente profesional, abarcando un amplio campo temático: remedios de la medicina popular, alimentos, plantas medicinales, curanderos famosos, sacamuelas, zurcidoras de virginidades, brujos, matasanos, ensalmadores, bendecidores, videntes, herboleros, esoterismo, profetas, médiums, parteras, especuladores del más allá, enfermedades de la mujer, charlatanes… y un larguísimo etcétera que no tiene desperdicio alguno, y que incluye simpáticos casos de intrusismo profesional, consentidos algunos de ellos, como es el caso de un pueblo en el que uno se dedicaba a sacar muelas, y otro hacía silbos, y un día intercambiaron los papeles y nadie lo notó, pero no precisamente porque fuesen verdaderos maestros los dos en ambas modalidades. Todo ello, lo que aquí se narra, que es rico y abundante, ha sido recuperado con datos extraídos de diferentes documentos y, por supuesto, de los testimonios que Javier Álvarez ha podido ir recogiendo en las últimas décadas de la gente mayor a la que ha ido entrevistando. Ha historiado el autor, con gran detalle, lo que todo este mundo ha sido y ha representado en Navarra y en todo su entorno geográfico; nos ofrece en estas páginas una radiografía muy bien hecha, seria, huyendo de ese trato con el que otros, mucho más sensacionalistas, gustan de abordar todos estos temas en busca de un público facilón y comercialmente atractivo. Creo, realmente, que Javier Álvarez Caperochipi lo ha bordado.

La muerte de Zumalacárregui El autor hace un repaso minucioso a un amplio elenco de personajes de Navarra, y también de Guipuzkoa, que en los últimos siglos han formado parte de esa curiosa lista de sanadores. Los más antiguos y los más actuales. Allí está, por citar un ejemplo, el caso de Lázaro Pascual, un químico francés que en la primera mitad del siglo XVIII abandonó su profesión y se instaló en Pamplona para ejercer un triple oficio: el de barbero, el de boticario y el de curador de almorranas.

Mucho más reciente es el caso de otro curandero, o brujo, bastante actual y conocido, que tuvo un gran éxito en su consulta, pero que cuando él se puso malo acudió al hospital para que le curasen con otros métodos que nada tenían que ver con los que él se había ganado la vida.

Pero, dentro de esa amplia y curiosa lista hay un curandero que podríamos decir que ha pasado a la historia; se trata del guipuzcoano José Francisco Tellería Uribe (1774-1842), más conocido como Petriquillo, que fue alcalde de Zerain, a quien se le atribuye la responsabilidad de la muerte del caudillo y general carlista Tomás de Zumalacárregui; sépase que no está claro, que como mínimo la responsabilidad estuvo muy repartida, pero él cargó con el mochuelo al intentar extirpar una bala que el general había recibido en la pierna durante el primer asalto de las tropas carlistas a Bilbao.

Resumiendo, y para que tomemos conciencia de todo el trabajo de Javier Álvarez Caperochipi, de todo lo que ha dejado plasmado en este nuevo libro, no me resisto a extraer de su epílogo el reflejo de lo que han sido algunos de sus pasos; allí se ve cómo el autor se ha recorrido, trabajando este tema, varias residencias de ancianos de Pamplona, Erro, Corella, Estella… Ha recorrido también numerosos pueblos, visitando ayuntamientos, casas parroquiales, cementerios... Ha llegado a irse hasta a Marbella en busca de fotos y de datos. Y la suma de todo este trabajo es la que ha permitido plasmar en un libro toda esta parcela de la historia y del patrimonio de Navarra. Con respeto y con profesionalidad, con gusto y con una metodología adecuada, ameno hasta decir basta. El nuevo libro Curanderismo y medicina popular en el entorno de Navarra, de Javier Álvarez, ha sido oportuno en lo que ha rescate etnográfico se refiere, y viene a sanarnos la desmemoria existente en torno a este tema, con un método curativo, 158 páginas, que desde aquí recomiendo a todos cuantos quieran pasar un rato a gusto.

(NOTICIASDENAVARRA.COM)

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