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Un nuevo comienzo, Museo de Arteta
10/10/16
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Elur Ulibarrena guarda un recuerdo muy vivo de los viajes en coche con su padre en busca de “piezas interesantes” para el artista-etnógrafo: “Parábamos lo mismo en una escombrera que en un anticuario o en una casona de pueblo a recoger lo que fuera, y volvíamos escuchando de boca de mi padre historias de nuestros antepasados. Hemos crecido empapándonos desde críos de esa obsesión que ha siempre su caballo de batalla: conocer de dónde venimos, quiénes somos”.

Hoy, Elur cuida de esa colección de piezas que ha ido creciendo y creciendo, hasta sumar casi la cifra de 10.000 (el museo se inauguró con 3.500), y, mirándolas, entiende muchas cosas que de niña se le escapaban. “Con el tiempo valoras el enorme trabajo que hay detrás de este acumular y acumular piezas. Un trabajo que solo es posible desde el tesón y el convencimiento que ha tenido siempre mi padre. Un trabajo casi imposible, de don Quijote contra los molinos”, reconoce la hija de Joxe Ulibarrena y actual responsable del Museo Etnográfico del Reino de Pamplona. Situado en Casa Fantikorena, construida en 1641 en Arteta (Valle de Ollo), afronta su 30º aniversario con aires renovados y un reto claro: potenciar la divulgación y trabajar desde la pedagogía para atraer nuevos públicos. Todo para que no se pierda nuestra Historia; para que los niños de hoy mañana la valoren, y en el mejor de los casos, para que esos niños, mañana mayores cultivados y sensibles, contribuyan a hacer la vida más sostenible.

Como la hacían nuestros antepasados. Así lo atestiguan las piezas de la sociedad rural que alberga este particular museo, procedentes de los territorios que formaron primero el Reino de Pamplona y posteriormente el Reino de Navarra, y adquiridas por la familia Ulibarrena desde los años 60 del siglo XX. Piezas que nos hablan de cómo era la vida desde la época medieval hasta la aparición del maquinismo automatizado, en las décadas de los años 30 y 40. “Nos dicen que a la hora de hacer frente a las necesidades del día a día y de poner la naturaleza al servicio de las personas, nuestros antepasados eran muy respetuosos. Se aprovechaban de los recursos naturales pero respetando el crecimiento de la flora y la fauna. Cuando se habla hoy de sostenibilidad, me digo: si es que es cuestión de volver a pensar como pensaban nuestros abuelos…”, defiende Elur. El problema llegó con la última revolución industrial, que antepuso el dinero y el beneficio de cuatro a todo lo demás. “Y todos tenemos que trabajar para que cuatro se hagan ricos. En esa rueda estamos...”, dice.

En el interior del Museo de Arteta, el tiempo se detiene. Ante el universo de objetos que envuelven al visitante, uno siente que la vida es más sencilla de lo que la hacemos, y se pregunta por qué se ha arrinconado a los saberes tradicionales. “Probando y errando, probando y errando, nuestros antepasados encontraban soluciones a los problemas diarios de la existencia”, valora Elur Ulibarrena mientras muestra algunas de las piezas clave de la colección: “Las estelas funerarias -hay cerca de 25 de varias épocas- son una joya, ya no hay manera de encontrarlas en ninguna otra parte”. Destaca también un asador del siglo XII, “el kerren, es una de las primeras piezas que hubo aquí, procede de una familia de Roncal y demuestra la teoría de mi padre sobre que la estética es tan importante como la funcionalidad de los instrumentos”, explica Elur sobre esta herramienta que tiene la impronta del artesano en forma de decoraciones. Entre las últimas adquisiciones destaca una donación procedente de Alfaro: un bonito carro policromado del siglo XVIII, y firmado por un tal Félix Hernandez de Aldeanueva del Figuerol. Y así, recorriendo pieza a pieza, van saliendo historias de gente anónima en la Historia, pero no por ello menos importante. “Estudiando la obra de mi padre desde dentro, he llegado a la teoría de que al recopilar todas estas piezas, de alguna manera él ha querido ir recuperando la vida que le arrebató la guerra. Fusilaron a su padre cuando tenía solo 11 años, y fruto de aquella tragedia su madre tuvo que dejar el pueblo y cambiar de vida en Pamplona”, recuerda Elur. Y Joxe Ulibarrena no solo ha intentado recuperar su historia, sino la de toda esa gente que desapareció como su padre, sus amigos, sus maestros, esa gente que lo perdió todo en una guerra o en un asedio… “Mi padre ha empatizado con todo ello y ha ido trayendo al presente las vidas de esa gente a través de lo único que nos queda de ellas: sus cosas”, concluye la hija del escultor.

30 años de vaivenes


Las visitas, estables

El Museo Etnográfico del Reino de Pamplona se inauguró en el año 1982 de la mano de Joxe Miguel de Barandiaran en Casa Napartxo, en Berrioplano. Pero fue en el año 1986 cuando se trasladó a Casa Fantikorena.

Un robo importante en Casa Napartxo -desaparecieron varias piezas de las que a día de hoy todavía nada se sabe- convenció a la familia Ulibarrena para trasladar a Arteta toda la colección de obras. En estos 30 años, el museo, gestionado por la Fundación Mariscal Pedro de Navarra, ha recibido numerosos visitantes desde muy diversos lugares. “En los últimos años, hemos tenido una media de 3.500 visitantes anuales. Pero este año vamos a superar con creces los 4.000”, apunta la actual responsable del Museo Etnográfico del Reino de Pamplona, quien reconoce que “en estos treinta años ha habido coyunturas que han propiciado que las cosas fueran para arriba o para abajo”. Al principio la afluencia de gente fue muy importante, dada la novedad que suponía un museo etnográfico en Navarra. “Y mi padre ha vivido aquí hasta hace dos años, así que esto ha estado abierto al público casi casi 24 horas al día... eso ha estrechado mucho los lazos de colaboración entre esa gente interesada y nosotros, la Fundación”, cuenta.

Pero en 2009 salió la Ley Foral de museos bajo el amparo de UPN y “fue una hecatombe”. Esa ley injusta para con determinados pequeños museos -no reconocidos como museos o colecciones museográficas y, por lo tanto, discriminados al no poder optar a ayuda económica- les abocó a abrir solo fines de semana. “Ahí mi padre empezó a ir a menos de salud, y nosotros a tener que compaginar nuestro trabajo con cuidar por un lado al padre y por otro el museo. Pero la última opción era cerrar”, afirma Elur. Así que se mantienen abiertos los fines de semana y entre semana con visitas concertadas, aunque los meses de verano sí abren a diario.

Nuevos aires


Mano femenina en las riendas

El cambio de gobierno en la Comunidad Foral ha traído esperanza. “Por lo menos hay lo que pedíamos antes, cierta flexibilidad. La Ley de Museos sigue tal y como estaba, pero ya no hay esa cerrazón de que si no cumples tal o cual requisito estás al margen”, cuenta la hija del escultor. En su caso, acaban de firmar esta misma semana la licencia de apertura, y salvado ese escollo queda esperar a que llegue el reconocimiento legal de colección museográfica y, el año que viene como pronto, puedan optar a ayudas. “Además, el hecho de que el actual Gobierno de Navarra haya creado un negociado de cultura popular, y con gente muy válida al frente, es un gran paso, demuestra que hay interés y sensibilidad hacia este tema”, valora Elur, quien reconoce que la celebración del 30º aniversario está trayendo muchas visitas al museo “y eso a mi padre le da vida”. A sus 92 años, Joxe Ulibarrena (Peralta, 1924) sigue activo. “No para de darle a la cabeza y no para de darle a la gubia. Este mismo verano ha estado todos los días tallando una nueva escultura en madera. Lo que no le siguen tanto son ya las piernas...”, cuenta su hija. “Pero está contento, ve que puede descansar tranquilo porque estamos aquí siguiendo sus pasos al frente del museo”.

Aunque reconoce que necesita cierto apoyo institucional para lograr una estabilidad de cara al futuro, Elur no se queda sentada esperando ayuda. Ni mucho menos. Trabaja ya, junto a colaboradores habituales del museo, en muchos proyectos para unir patrimonio material e inmaterial; ha empezado a acercar el museo a escolares visitando colegios e ikastolas y llevando allá pequeñas exposiciones de piezas de la colección, prepara desfiles de moda con la ropa antigua del museo... “Y la intención es divulgar especialmente la historia de la mujer. En esta sociedad siempre se habla del ganadero, del pastor..., pero detrás de un gran hombre, como siempre digo no es que haya una gran mujer, sino muchas grandes mujeres”, afirma.

(NOTICIASDENAVARRA.COM)
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