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La capilla que levantó la ciudad
16/01/17
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Tal era la necesidad económica para financiar su construcción que el Ayuntamiento de Pamplona llegó a acordar el 16 de abril de 1704 que durante 6 años se suspendieran las corridas de toros por San Fermín. Con ello, esperaba obtener 9.000 reales, aunque finalmente el Virrey dictó el 10 de junio de aquel mismo año que hubiera toros “a fin de celebrar los éxitos de las armas reales”. Es un ejemplo del esfuerzo que la ciudad realizó entre los años 1696 y 1717 para financiar la construcción de una nueva capilla para San Fermín en la iglesia de San Lorenzo, un lugar de culto que hoy es para muchos uno de los más especiales de la capital. Fue inaugurada el 7 de julio de 1717, por lo en las próximas fiestas cumplirá 300 años, tres siglos.

Es la casa del santo morenico, copatrón de Navarra junto a San Francisco Javier desde hace 360 años (1657), y lugar desde el que, cada 7 de julio, sale la procesión. Este año, con vistas a la celebración de su tricentenario, la capilla de San Fermín va a ser remozada. Esta misma semana han comenzado las tareas de pintura en la Iglesia de San Lorenzo. A mitades de febrero, se actuará en la capilla de San Fermín, ya que “han pasado 30 años después de su última intervención”. Se pintará y se incorporará más luz. En cualquier caso, la parroquia prevé que los trabajos estén terminados antes de Semana Santa. Las tareas costarán 120.000 euros, y se pide a los devotos colaboración para costearlas, como ocurrió hace 300 años.

21 AÑOS DE OBRAS

El anterior archivero municipal, José Luis Molins, es quizá el que más ha investigado sobre la historia de este edificio. Su libro Capilla de San Fermín en la Iglesia de San Lorenzo de Pamplona, de 1974, describe todo el proceso de construcción de este emblemático edificio, que llegó a costar al “peculio público” de la ciudad hasta 50.000 pesos, “al margen de las limosnas que recibía y entregaba al depositario”. De hecho, las dificultades de obtener dinero explican “la morosidad de las obras”, dice Molins, que duraron 21 años, desde 1696 hasta 1717.

La antigüedad del culto a San Fermín data del siglo VII, cuando por testimonios de San Braulio, Arzobispo de Zaragoza, se hace alusión a escritos que describen “la gran devoción y el culto que los vascos tributaban a su glorioso patrono San Fermín”. En el siglo XII, ya está clara la historia del santo y del culto a su imagen y reliquias, mientras que en 1534, por ejemplo, el Regimiento de la Ciudad (venía a llamarse así a la Corporación), agradecida a San Fermín por librarle de una peste, decidió mantener a perpetuo encendida una lámpara de aceite (realizada en plata) frente al santo. Aunque se tiene constancia de que ya en el siglo XIV la iglesia de San Lorenzo contaba con una capilla para el santo, fue en 1540 cuando colocó la imagen y costeó un retablo nuevo.

NUEVA CAPILLA

Sin embargo, la idea de un nuevo templo para honrar a San Fermín rondaba al Ayuntamiento desde hace años y el 11 de julio de 1696 los concejales plantearon la idea de levantarle una capilla en la iglesia de San Lorenzo. Porque el Santo Obispo San Fermín era “concretamente favorable en cuestiones como la salud universal de los moradores de la ciudad y del reino”, y también “se mostraba rápido y eficaz intercesor” en las súplicas de “abundancia de frutos y serenidad del tiempo”. No hay que olvidar que Pamplona vivía de la agricultura.

Para el inicio de las obras fueron decisivos los hasta 4.000 pesos que sumaban las limosnas que ya habían ofrecido los feligreses, y de hecho, el Ayuntamiento, que gestionó la construcción y ejerció el patronato, nombró un depositario de los donativos, el señor Miguel de Larralde, “en quien parasen los maravedís que las personas devotas diesen de limosna para la fábrica” de la capilla. Así lo hizo hasta 1708. ¿De qué piedra se hizo? El alabastro provenía “de una cantera situada a 7 leguas de la ciudad”. Los sueldos eran de 4 reales al día a los maestros de obras, mientras que los oficiales cobraban a 3 reales y a 2 los peones.

El proyecto fue encargado a Santiago Raón, un francés, de Lorena, entonces residente en La Rioja, acreditado por obras realizadas en Calahorra, Corella o Villafranca, luego corroborados por Juan de Alegría y Martín de Zaldúa, y la capilla se ubicó en el claustro de la iglesia de San Lorenzo,

El 29 de agosto de 1696 se colocó la primera piedra, con la presencia del Virrey (Marqués de Valero) y el Obispo (Toribio de Mier), así como el alcalde de Pamplona, Francisco de Ezpeleta, entre otros, hubo hasta procesión. Y otra curiosidad, en aquel acto el Obispo concedió “cuarenta días de indulgencia” a los que habían dado limosna y a los que en adelante la diesen,

Porque si algo caracterizó la construcción de la capilla de San Fermín fue que se hizo posible gracias a la ciudad, que aportó “grandes cantidades” de dinero, y hasta de trabajo voluntaria. Incluso cabe mencionar el “compulsivo” que el Ayuntamiento envió en 1697 a 11 vecinos de la Magdalena, que se habían ofrecido a asistir personalmente, o mandando peones y caballerías para la tarea. Se envió a un teniente de Justicia “para apremiarles y notificarles que, caso de no cumplir, la ciudad pondría peones y caballerías a costa de todos y cada uno de ellos”. Y hasta en 1704, se acordó dotar a la capilla “con el importe de la sangre de los carneros muertos aquel año”, a 6 maravedíes cada uno.

9.000 pesos en galeones No era suficiente. Y el Ayuntamiento de Pamplona tuvo que remitir cartas pidiendo limosna a los priores de los barrios (entonces algunos conocidos como Bolserías, Tecenderías Biexas, Zapaterías y Ferrerías, etc.), a los vicarios de las parroquias de la ciudad y los capellanes, a la Diputación del Reyno de Navarra y al Alcaide de su Ciudadela. Pero aún hubo que mirar más lejos. En 1696 se pidió ayuda por carta a navarros que se encontraban en Madrid, y en los puertos de Santa María, Sevilla y Cádiz.

Según recoge el cuaderno Mecenazgo indiano en la capilla de San Fermín, de María del Carmen Heredia, además se remitieron en 1698 y a lo largo de 1701, hasta 56 cartas a navarros indianos en las Américas. Y obtuvo un resultado excelente. Cabe destacar los 9.000 pesos en metálico que llegaron en 1712 repartidos en dos galeones para “burlar el posible ataque de los piratas”. Y aún el Virrey del Perú, don José de Armendáriz, Marqués de Castelfuerte, envió 4.000 pesos de plata doble columnaria, ofrecidos como limosna por navarros en aquella tierra.

Después vendrían joyas, plata labrada y objetos suntuarios, porque “las donaciones americanas hechas a San Fermín de Pamplona a raíz de la construcción de su capilla constituyen una interesante muestra del peculiar modo de mecenazgo indiano en Navarra”. En 1776, Felipe de Iriarte, natural de Alcoz y residente en México, envió en un navío de guerra una mitra y un báculo de filigrana de plata de Filipinas. Todavía los conserva el Santo, y forman parte del Tesoro de San Fermín.

La capilla se inauguraría el 7 de julio de 1717. A las 10, salió San Fermín en Procesión. Por las calles se habían levantado altares, pequeños jardines de luces y flores con estatuas de santos y cascadas de agua. El santo fue colocado en el trono de su nueva capilla, y las celebraciones duraron varios días. Décadas después fue reformada (en 1797, Santos Ochandategui le dio un aire más neoclásico) y tras el incendio de una parte del tejado en 1977, arreglada. La actuación costó 6,7 millones de pesetas.

DATOS CURIOSOS

Bodas, un centenar al año. La capilla de San Fermín acoge al año un centenar de bodas, la tercera parte de todas las de Navarra. Este año, hay confirmadas 105. La tarifa es de 300 euros. Se elige “por ser un lugar emblemático, histórico, y por la devoción y atracción que despierta San Fermín”, explica el párroco. Además, ha habido un total de 34 bodas de oro y otras 18 de plata.

Columbarios junto al santo moreno. En 2011 comenzaron a ubicarse los columbarios, en la capilla de San Fermín y la de la Dolorosa. Existen unos 300. Su precio de utilización es de unos 1.500 euros para 30 años.

OPINION

Javier Leoz “que sea una inyección en la devoción al santo”

El párroco de San Lorenzo opina que la efeméride es una oportunidad para que sea “inyección en la devoción al santo, y un preguntarnos sobre qué supone San Fermín para la fe de Pamplona y de Navarra”.

“es un constante fluir de personas, no solo creyentes”

Javier Leoz explica que “no solo el creyente y religioso” acude a la capilla, sino también “de aquellas personas para las cuales San Fermín tiene otras connotaciones de lo más diverso y que hay que respetar”.

La de más bodas de navarra

PROPIEDAD

Inmatriculada en 2003

De la Iglesia. A pesar de que fue el Ayuntamiento el que financió las obras y ejerció el patronato, en la actualidad la capilla de San Fermín está escriturada a nombre de la Diócesis de Pamplona desde 2003, un hecho que la Plataforma en Defensa del Patrimonio ya ha venido poniendo en evidencia. Según fuentes del servicio de Patrimonio, la capilla figuró en los inventarios de bienes del Ayuntamiento de los años 1929 y 1977, pero el 11 de junio de este último año fue dado de baja, porque “no existe documento que confirme la titularidad municipal”, se señala. Sin embargo, sea o no propiedad municipal, la capilla en la actualidad sigue incluida en la póliza de seguro de daños materiales de los inmuebles municipales, bajo el epígrafe Otros Bienes.

(NOTICIASDENAVARRA.COM)
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